Tu Serás Mi Perro: Los Inicios por Cereza Roja

Tu Serás Mi Perro: Los Inicios por Cereza Roja

Titulo del libro: Tu Serás Mi Perro: Los Inicios

Autor: Cereza Roja

Número de páginas: 42 páginas

Fecha de lanzamiento: April 20, 2014

Editor: Cereza Roja

Cereza Roja con Tu Serás Mi Perro: Los Inicios

Tu Serás Mi Perro: Los Inicios por Cereza Roja fue vendido por EUR 1,04 cada copia. El libro publicado por Cereza Roja. Contiene 42 el número de páginas.. Regístrese ahora para tener acceso a miles de libros disponibles para su descarga gratuita. El registro fue libre.

Sé una Ama de verdad, no una bruja disfrazada de Ama.
Es la historia de dos mujeres bien distintas, mi madre, una persona sin carácter. A la que su baja autoestima la llevan a dejarse maltratar por los hombres con los que convive. Y la de Violeta, mi tía, una mujer sensual, segura de sí misma, femenina y con carácter, cuyo marido, Alex es su esclavo.
«Estoy casado con una mujer a la que amo y deseo, pero que jamás -después de la boda- me ha permitido tener relaciones sexuales con ella.
¿Soy feliz? mucho… y cada día la deseo más.
Ella sintoniza con el erotismo de la mujer consciente de su poder y a la que le gusta ejercerlo con firmeza pero con naturalidad, lejos de lo violento y lo vulgar.
Violeta es la que decide, cuando y como voy a tener mi preciado premio quincenal. Nunca se con seguridad el día y eso me hace estar en constante tensión.
— Vamos putita ¿dime quién eres?
—Soy tu perro Violeta, un esclavo al servicio de mi Ama. Siempre a tu disposición para que me uses del modo que desees.
— ¡Móntate perrito!— y extiende una de sus maravillosas piernas hacía mi.
Con las manos esposadas a la espalda y de rodillas en el suelo como si fuese un perro, deja que mi pene se frote desesperadamente en su pierna. Normalmente estoy tan excitado que en unos segundos empiezan mis convulsiones. Si tengo suerte, ella no se mueve y mi orgasmo es completo. Pero la mayoría de las veces aparta la pierna y mi desesperación me lleva a frotarme contra el suelo, para alargar un poco esos escasos instantes de placer. Por supuesto al terminar debo siempre darle las gracias y limpiar con mi lengua todo lo que he ensuciado.»